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Terapia de deglución para después de un ictus

Autor: Giovana Fermat Roldán

Terapia de deglución para después de un ictus

El ictus, también conocido como infarto cerebral o accidente cerebrovascular (ACV), es una de las principales causas de discapacidad y mortalidad a nivel mundial. Se produce cuando el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro se interrumpe, lo que provoca la muerte de las células cerebrales por falta de oxígeno y nutrientes. Dependiendo de la extensión y la localización del daño cerebral, las secuelas pueden variar enormemente.

Una de las consecuencias más comunes y debilitantes de un ictus es la disfagia, que afecta la capacidad de una persona para tragar correctamente. La terapia de deglución juega un papel fundamental en la rehabilitación de estos pacientes. En este artículo, exploraremos en qué consiste la terapia de deglución y cuándo es necesaria después de un ictus.

¿Qué es un infarto cerebral y qué secuelas puede generar?

El infarto cerebral es el tipo más común de ictus, y ocurre cuando un coágulo de sangre bloquea un vaso sanguíneo en el cerebro, impidiendo que el tejido cerebral reciba suficiente oxígeno, lo que puede provocar daño o la muerte de las células cerebrales en las áreas afectadas en cuestión de minutos.

Las secuelas de un ictus varían según el área del cerebro que se haya visto afectada, la duración del bloqueo del flujo sanguíneo y la rapidez con la que se haya recibido atención médica. Algunas de las posibles secuelas incluyen:

  1. Dificultades motoras: Pérdida de movimiento o debilidad en una parte del cuerpo, parálisis parcial o completa, generalmente en un lado del cuerpo.
  2. Problemas cognitivos: Dificultades con la memoria, el juicio, la atención o la comprensión del lenguaje.
  3. Trastornos del habla y del lenguaje: Afasia, que es la dificultad para comprender o producir el lenguaje hablado y escrito.
  4. Problemas visuales: Pérdida parcial o total de la visión, o dificultad para ver en uno o ambos ojos.
  5. Disfagia: Dificultad para tragar alimentos, líquidos o incluso saliva.

En particular, la disfagia afecta significativamente la calidad de vida y representa un riesgo serio para la salud si no se trata adecuadamente. Puede llevar a complicaciones como desnutrición, deshidratación y neumonía por aspiración, ya que los alimentos y líquidos pueden entrar accidentalmente en las vías respiratorias.

Disfagia: una secuela frecuente y desafiante

La disfagia, que se refiere a la dificultad para tragar, es una secuela común en pacientes que han sufrido un ictus. Se estima que entre el 30% y el 65% de los sobrevivientes de un ictus experimentan disfagia en algún momento de su recuperación. Esto ocurre porque las áreas del cerebro responsables de controlar los músculos involucrados en la deglución pueden verse dañadas.

La deglución es un proceso complejo que involucra la coordinación de más de 30 músculos y varias etapas. Cuando alguna de estas fases se ve afectada, el paciente puede tener dificultades para transportar el alimento o los líquidos desde la boca hacia el esófago de manera segura.

Los síntomas de disfagia incluyen:

  • Sensación de que los alimentos se quedan atrapados en la garganta.
  • Tos o ahogo durante o después de comer.
  • Dolor al tragar.
  • Cambios en la voz (sonido «húmedo» después de comer).
  • Reflujo o regurgitación de alimentos.

Tratamiento de la disfagia: el rol crucial de la terapia de deglución

La terapia de deglución es el tratamiento más importante para la disfagia después de un ictus. El objetivo principal es mejorar la seguridad y eficiencia de la deglución, reducir el riesgo de complicaciones como la aspiración y ayudar al paciente a recuperar la capacidad de alimentarse de manera oral.

El tratamiento generalmente incluye una combinación de ejercicios específicos y modificaciones dietéticas. Algunos de los enfoques más comunes son:

  1. Ejercicios de fortalecimiento muscular: Estos ejercicios están diseñados para mejorar la coordinación y fuerza de los músculos involucrados en la deglución. Pueden incluir movimientos de la lengua, labios, mejillas y garganta para mejorar el control motor.
  2. Técnicas de compensación: El terapeuta puede enseñar al paciente diferentes estrategias para compensar la debilidad muscular o la falta de coordinación. Esto puede incluir cambios en la postura al tragar, como inclinar la cabeza hacia adelante, o adaptar la forma en que los alimentos y líquidos se llevan a la boca.
  3. Modificación de la dieta: En algunos casos, se pueden hacer cambios en la textura de los alimentos y líquidos para facilitar la deglución. Los líquidos pueden espesarse y los alimentos pueden ser triturados o modificados para que sean más fáciles de tragar sin riesgo de aspiración.

La terapia de deglución suele ser un proceso largo y requiere la participación activa del paciente, así como de su familia o cuidadores. Los avances suelen ser graduales, y en muchos casos, la terapia puede continuar durante meses.

Alternativas en casos severos: la gastrostomía

En algunos casos, la disfagia puede ser tan severa que el paciente no puede alimentarse de manera segura por vía oral. En estos casos, se puede recurrir a una gastrostomía, un procedimiento en el que se coloca una sonda directamente en el estómago a través del abdomen para proporcionar nutrición de manera segura.

La gastrostomía permite que el paciente reciba los nutrientes, líquidos y medicamentos que necesita mientras continúa con la terapia de deglución. Aunque este enfoque es generalmente temporal, en algunos casos puede ser necesario a largo plazo si la disfagia persiste.

La disfagia es una secuela común pero manejable después de un ictus. La terapia de deglución es una herramienta clave para la rehabilitación, ayudando a los pacientes a recuperar la capacidad de tragar de manera segura. En casos severos, la intervención con una gastrostomía puede ser necesaria mientras el paciente progresa en su tratamiento. La intervención temprana y el apoyo adecuado son cruciales para minimizar las complicaciones y mejorar la calidad de vida del paciente.