Enfermedades del cerebro que pueden confundirse con un EVC
Autor: Giovana Fermat Roldán

Cuando llega alguien a urgencias con síntomas neurológicos súbitos como parálisis facial, pérdida del habla o debilidad en un lado del cuerpo, lo primero que se descarta es un EVC isquémico (también conocido como evento vascular cerebral o embolia). Sin embargo, no todo síntoma agudo se debe a un infarto cerebral. Existen varias enfermedades del cerebro que imitan un EVC y reconocerlas a tiempo puede cambiar el manejo y el pronóstico del paciente.
¿Qué es un EVC?
Un EVC ocurre cuando una arteria del cerebro se obstruye (isquemia) o se rompe (hemorragia), provocando un infarto o hemorragia cerebral. Esto interrumpe el suministro de oxígeno y nutrientes, causando daño neuronal irreversible si no se trata de inmediato. En la práctica, los términos derrame cerebral y ataque cerebral se usan de forma intercambiable con EVC, pero todos apuntan a la misma urgencia: restaurar el flujo sanguíneo y minimizar la lesión cerebral.
Principales imitadores (“mimics”) en el diagnóstico diferencial de EVC
Existen muchos otros trastornos neurológicos y no neurológicos que se presentan con síntomas que se asemejan a un infarto cerebral como debilidad de una parte del cuerpo o alteraciones del lenguaje, sin embargo, no se deben a la obstrucción de una arteria cerebral. Ampliamente conocidos como “mimics”. Es sumamente importante saber identificarlos ya que el tratamiento varía mucho de una causa a otra.
Accidente isquémico transitorio
- Se le llama “mini-derrame”: síntomas neurológicos que duran menos de 24 horas.
- Se presenta debilidad en un lado del cuerpo o pérdida del habla, igual que un infarto, pero sin daño permanente.
- Identificarlo es vital porque predice riesgo elevado de un EVC real.
Migraña con aura
- Antes del dolor de cabeza aparece visión de luces, hormigueo o incluso alteración del lenguaje.
- Estas auras pueden imitar faltas de sensibilidad o parálisis facial parciales.
- A diferencia del EVC, suelen evolucionar gradualmente y están acompañadas de dolor pulsátil en un lado de la cabeza.
Crisis epilépticas
- Algunas convulsiones focales provocan posturas anómalas, rigidez y pérdida de función motora.
- Tras la crisis puede haber estado confusional, llamado estado postictal, con confusión mental aguda.
- El electroencefalograma ayuda a diferenciarlas de un infarto.
Tumores cerebrales
- Las masas pueden irrigar partes del cerebro y causar déficit focal, como debilidad en un lado del cuerpo o alteración del lenguaje.
- Suele haber historia de cefalea progresiva y síntomas subagudos, no tan abruptos como en un EVC.
Encefalitis
- Inflamación cerebral por virus o autoinmunidad genera fiebre, convulsiones y alteración del estado mental.
- A veces simula un EVC porque hay déficit focal inicial, pero rápidamente se acompaña de fiebre y confusión mental aguda.
Hipoglucemia
- Una de las causas más comunes y reversibles de un déficit neurológico.
- Bajadas severas de glucosa en sangre provocan sudoración, palpitaciones y déficit neurológico: confusión, visión borrosa, incluso pérdida del habla.
Trastornos funcionales neurológicos
- La llamada “parálisis psicógena” puede aparecer como un cuadro de EVC, con debilidad en un lado del cuerpo.
- No hay correlato en estudios de imagen ni en pruebas de conducción nerviosa.
Esclerosis múltiple
- Brotes inflamatorios pueden producir déficit motor o sensitivo en territorio definido.
- A diferencia de un EVC, pueden coexistir otras placas, y suele haber antecedentes de síntomas intermitentes.

Importancia de un correcto diagnóstico diferencial de EVC
En urgencias neurológicas, el tiempo es cerebro: cada minuto cuenta para administrar trombólisis o terapia endovascular en el caso de un infarto cerebral. Confundir un EVC isquémico con un mimic puede exponer al paciente a riesgos innecesarios (por ejemplo, hemorrágico si se le da trombolíticos sin indicación).
Un diagnóstico temprano de tumores cerebrales o encefalitis impide daño irreversible a través de cirugía u otros tratamientos específicos. Además de que reconocer la hipoglucemia en segundos y corregirla evita secuelas y muertes por un error de interpretación.
Aunque los síntomas neurológicos súbitos como la parálisis facial, la pérdida del habla o la debilidad en un lado del cuerpo suelen hacer pensar en un derrame cerebral, existen múltiples enfermedades del cerebro que actúan de “mímicos”. Desde la migraña con aura hasta las crisis epilépticas, pasando por tumores cerebrales, encefalitis, hipoglucemia, trastornos funcionales neurológicos, esclerosis múltiple o un accidente isquémico transitorio, cada una tiene sus matices. Por eso, el diagnóstico diferencial de EVC es fundamental en las urgencias neurológicas: identificar correctamente la causa asegura el tratamiento más adecuado, mejora el pronóstico y salva vidas.
Causas y factores de riesgo para un infarto cerebral
El infarto cerebral, también conocido como accidente cerebrovascular isquémico, ocurre cuando el flujo de sangre a una parte del cerebro se interrumpe o se reduce significativamente, privando al tejido cerebral de oxígeno y nutrientes. Comprender las causas y los factores de riesgo es esencial, ya que ofrece una oportunidad única de prevención y atención temprana. Permítele a quien lee este texto imaginar al cerebro como un jardín que necesita un flujo constante de agua; si una tubería se bloquea, las plantas comienzan a marchitarse rápidamente. Así sucede con las células cerebrales ante un infarto cerebral.
Causas principales de un infarto cerebral
1. Trombosis cerebral
Sucede cuando se forma un coágulo de sangre (trombo) directamente en una arteria del cerebro, generalmente como resultado de arteriosclerosis. Con el paso del tiempo, las arterias pueden endurecerse y estrecharse debido a la acumulación de placa (una mezcla de grasa, colesterol y otras sustancias), lo que favorece la formación de estos coágulos.
2. Embolismo cerebral
Aquí, el coágulo se forma en otra parte del cuerpo —por ejemplo, en el corazón— y viaja a través del torrente sanguíneo hasta alojarse en una arteria cerebral. Es como si una corriente de escombros flotara en un río hasta atascarse en un punto crucial. Esto es común en personas que presentan problemas cardíacos como fibrilación auricular.
3. Hipoperfusión sistémica
En algunos casos, una disminución global del flujo sanguíneo en el cuerpo, como la que puede ocurrir en un paro cardíaco o una bajada severa de la presión arterial (shock), lleva a un infarto cerebral, especialmente en áreas del cerebro más vulnerables a la falta de oxígeno.
4. Enfermedades de pequeños vasos
Algunas veces, las arterias más pequeñas dentro del cerebro sufren daños crónicos debido a factores como la hipertensión prolongada o la diabetes, provocando infartos lacunares, que aunque pequeños, pueden tener consecuencias clínicas importantes.
Factores de riesgo para sufrir un infarto cerebral
El riesgo de un infarto cerebral no es obra del azar. Se construye día a día a partir de una combinación de factores modificables y no modificables:
Factores modificables:
Estos son los que, al ser identificados y tratados a tiempo, pueden cambiar el destino de una persona.
- Hipertensión arterial: Es el factor de riesgo más importante. La presión alta daña las paredes de las arterias, facilitando la formación de coágulos.
- Diabetes mellitus: Esta enfermedad altera el metabolismo de la glucosa y acelera el daño vascular.
- Dislipidemia (colesterol alto): Favorece la acumulación de placas en las arterias.
- Tabaquismo: Fumar no solo daña los vasos sanguíneos, sino que también aumenta la tendencia de la sangre a coagularse.
- Obesidad y sedentarismo: Un peso corporal elevado y la falta de actividad física afectan negativamente la presión arterial, los niveles de colesterol y el metabolismo de la glucosa.
- Consumo excesivo de alcohol: Beber en exceso eleva la presión arterial y puede generar alteraciones del ritmo cardíaco.
- Fibrilación auricular y otras enfermedades cardíacas: Causan la formación de coágulos en el corazón que pueden migrar al cerebro.
- Uso de anticonceptivos orales (en ciertas mujeres): Especialmente cuando se combina con otros factores de riesgo como el tabaquismo.
Factores no modificables:
Aunque no se pueden cambiar, conocerlos permite estar más alerta.
- Edad: El riesgo de infarto cerebral aumenta con el paso de los años, particularmente después de los 55 años.
- Sexo: Aunque el infarto cerebral puede afectar tanto a hombres como a mujeres, ciertos subtipos pueden ser más frecuentes o más graves en uno u otro.
- Historial familiar y genética: Tener un familiar cercano que haya sufrido un infarto cerebral puede aumentar el riesgo.
- Antecedentes personales de infarto cerebral o ataque isquémico transitorio (AIT): Haber sufrido un evento previo indica una mayor probabilidad de recurrencia.
Una reflexión importante
La aparición de un infarto cerebral es, en gran medida, el resultado de la suma de pequeños descuidos que, a lo largo del tiempo, abren la puerta a un evento potencialmente devastador. Sin embargo, en este conocimiento reside también una poderosa verdad: cada acción que favorece un estilo de vida saludable es una semilla de protección para el cerebro. Mantener la presión arterial controlada, abandonar el tabaquismo, realizar actividad física regular y seguir una dieta equilibrada no son simplemente buenos consejos, sino verdaderos actos de amor hacia uno mismo.
