Haz tu cita por WhatsApp

Agendar Cita

¿Cuánto tiempo dura la rehabilitación después de un ictus?

Autor: Giovana Fermat Roldán

¿Cuánto tiempo dura la rehabilitación después de un ictus?

El proceso de rehabilitación está indicado ante el accidente cerebrovascular estable o establecido y se ha de iniciar de forma precoz. Se considera accidente cerebrovascular estable si la clínica permanece sin cambios más de 24 horas para los de territorio carotídeo y más de 72 horas para los vertebrobasilares. El accidente cerebrovascular establecido o permanente se considera a las tres semanas.   

Es importante empezar la fisioterapia lo antes posible, ya que es el factor relevante para la recuperación del paciente. El periodo de recuperación y el grado de ésta tienen relación con la gravedad inicial del ictus. Así, cuanto mayor sea la gravedad inicial del ictus, más son las funciones que hay que recuperar, por lo que el proceso de neurorrehabilitación tardará más tiempo.

Existen diversos estudios en donde remarcan que los patrones de recuperación varían según la gravedad de la presentación del ictus, con un seguimiento medio de 6 meses. Por otro lado, también se comenta que prácticamente el 95% de los pacientes la recuperación funcional se completa hacia la 13.a semana de evolución, ésta varía con la gravedad inicial del ictus.

Rehabilitación en el ictus

La rehabilitación es un proceso limitado en el tiempo, cuyo objetivo es prevenir complicaciones y reducir el déficit neurológico a fin de conseguir la máxima capacidad funcional posible para facilitar la autonomía personal y la reintegración familiar y sociolaboral. La rehabilitación ha de iniciarse de forma precoz y coordinada y mantenerse durante las diferentes fases de la atención sanitaria.   

Fases de asistencia en la rehabilitación en personas con Ictus

Fase de hospitalización en fase aguda.

La rehabilitación debe iniciarse de forma precoz e integrada en una asistencia organizada como la unidad de ictus. En la fase aguda, se ha de planificar la derivación más adecuada para cada paciente de cara al alta hospitalaria: servicios específicos de rehabilitación hospitalaria, servicios de rehabilitación ambulatoria, atención a domicilio y centros de media o larga estancia. Una vez que el paciente está médicamente estable, debe iniciarse el plan de rehabilitación multidisciplinaria y por objetivos.

En esta fase, dependiendo de la situación clínica y/o social del paciente, el proceso de rehabilitación puede llevarse a cabo de las siguientes maneras:

  • Rehabilitación hospitalaria.

Para individuos con discapacidad moderada o grave en dos o más áreas funcionales, que precisan cuidados de enfermería y que tienen unas condiciones médicas y cognitivas que les permiten participar en terapias de alta intensidad con el objetivo de superar la discapacidad y retornar a su medio habitual.

  • Rehabilitación ambulatoria.

Pacientes sin déficit cognitivos importantes, con discapacidades leves o moderadas en una o dos áreas funcionales, con adecuado apoyo sociofamiliar y posibilidad de desplazamiento al servicio de rehabilitación.

En la fase aguda, la mayoría de las veces el paciente no será capaz de participar activamente en los cambios posturales, por lo que un cuidador deberá realizar el cambio de posición cada 3 o 4 horas.

Fase Subaguda (con participación activa del paciente)

Cuando el paciente va mejorando y puede colaborar de forma activa, se recomienda el volteo además de para cambiar de posición en la cama, como ejercicio, ya que estimula las reacciones y actividad de todo el cuerpo.

Neurorrehabilitación en la hospitalización

Tras el ingreso, el neurorrehabilitador o el especialista en rehabilitación integrado en el equipo multidisciplinario de la unidad deben reconocer al paciente para:

  • Elaborar un plan individual que permita diagnosticar la incapacidad/déficit
  • Iniciar el tratamiento rehabilitador adecuado
  • Prever la necesidad de futuros recursos.

Una vez que el paciente abandona la unidad de ictus, la neurorrehabilitación debe mantenerse mientras permanezca hospitalizado. 

El equipo multidisciplinario que conforma las unidades de neurorrehabilitación específicas para pacientes con ictus incluye:

  • Médicos dedicados a la neurorrehabilitación
  • Fisioterapeutas
  • Terapeutas ocupacionales
  • Logopedas
  • Ortopedas
  • Neuropsicólogos
  • Trabajadores sociales, entre otros especialistas.

Los objetivos generales en el tratamiento estabilizado son:

  • Prevenir y tratar las posibles complicaciones.
  • Mantener y/o recuperar las funciones orgánicas.
  • Restablecer las capacidades funcionales perdidas.
  • Adaptar las funciones residuales.

El fisioterapeuta realizará una valoración exhaustiva para poder identificar cuáles son las discapacidades y necesidades del paciente. Esta exploración incluye un examen cognitivo, una evaluación de las habilidades funcionales y una valoración del sistema somato sensorial y músculo esquelético.

Terapia ocupacional

La terapia ocupacional es una disciplina sociosanitaria que evalúa la capacidad de la persona para desempeñar las actividades de la vida cotidiana e interviene cuando dicha capacidad está en riesgo o dañada por cualquier causa.

Busca adquirir el conocimiento, las destrezas y actitudes necesarias para desarrollar las tareas cotidianas requeridas y conseguir el máximo de autonomía e integración en su entorno natural.

¿Qué secuelas del Ictus requieren neurorehabilitación?

El ictus, también conocido como accidente cerebrovascular (ACV), puede dejar secuelas significativas que requieren neurorehabilitación para recuperar la funcionalidad perdida o mejorar la calidad de vida del paciente. Las secuelas varían según la gravedad del ictus y la parte del cerebro afectada, pero algunas de las más comunes que requieren intervención neurorehabilitadora incluyen:

1. Debilidad o parálisis en un lado del cuerpo (hemiplejia o hemiparesia)

Una de las secuelas más comunes del ictus es la pérdida de fuerza o la parálisis en un lado del cuerpo. Esto se debe a que el daño cerebral causado por el ictus afecta las áreas responsables del control motor. La neurorehabilitación en estos casos se centra en la recuperación del movimiento, el fortalecimiento muscular y la mejora de la coordinación a través de fisioterapia y terapia ocupacional.

2. Trastornos del lenguaje (afasia)

Cuando el ictus afecta las áreas del cerebro responsables del lenguaje, como el área de Broca o el área de Wernicke, el paciente puede experimentar dificultades para hablar (afasia expresiva), entender el lenguaje (afasia receptiva) o ambas (afasia global). La rehabilitación en estos casos implica terapia del lenguaje, que ayuda al paciente a recuperar o mejorar sus habilidades de comunicación.

3. Problemas de deglución (disfagia)

La disfagia es una dificultad para tragar, lo que puede ser muy peligroso ya que aumenta el riesgo de aspiración y neumonía. Este problema surge cuando el ictus afecta las áreas que controlan los músculos responsables de la deglución. La rehabilitación incluye terapia para reeducar los músculos implicados y técnicas para mejorar la seguridad al tragar.

4. Trastornos cognitivos

Muchos pacientes que sobreviven a un ictus presentan alteraciones en funciones cognitivas como la memoria, la atención, la planificación y el razonamiento. Estos déficits pueden dificultar la capacidad para llevar a cabo actividades cotidianas. La neurorehabilitación, en estos casos, puede implicar estimulación cognitiva, programas de rehabilitación cognitiva y, en algunos casos, el uso de ayudas tecnológicas para compensar las funciones perdidas.

5. Problemas de equilibrio y coordinación

El daño en ciertas áreas del cerebro, como el cerebelo, puede causar dificultades para mantener el equilibrio y la coordinación. Esto aumenta el riesgo de caídas y puede limitar la movilidad. La rehabilitación neurológica se centra en ejercicios de equilibrio y terapia física para restaurar la capacidad de caminar y realizar actividades con mayor seguridad.

6. Dolor neuropático y espasticidad

El dolor neuropático, causado por daño a los nervios, y la espasticidad, que es una rigidez o tensión anormal en los músculos, son secuelas comunes del ictus. La neurorehabilitación en estos casos incluye tratamiento con técnicas de manejo del dolor, fisioterapia, y en ocasiones el uso de toxina botulínica para tratar la espasticidad.

7. Problemas visuales (hemianopsia o visión borrosa)

El ictus puede dañar las áreas cerebrales responsables del procesamiento visual, lo que puede causar pérdida de visión parcial (hemianopsia) o dificultad para coordinar los movimientos oculares. La rehabilitación visual incluye ejercicios específicos y, en algunos casos, la adaptación del entorno para ayudar al paciente a compensar la pérdida visual.

8. Trastornos emocionales y psicológicos

Los pacientes que sobreviven a un ictus a menudo enfrentan depresión, ansiedad o trastorno de estrés postraumático (TEPT). La neurorehabilitación en este caso puede incluir apoyo psicológico, terapia ocupacional centrada en la recuperación de la autoestima y, si es necesario, tratamiento psiquiátrico con medicamentos.

9. Problemas de sensibilidad

Algunos pacientes experimentan alteraciones en la sensibilidad, como entumecimiento o sensaciones anormales en ciertas partes del cuerpo. Estos síntomas pueden requerir un enfoque rehabilitador que combine la terapia física con técnicas de reentrenamiento sensorial.

En resumen, las secuelas del ictus que requieren neurorehabilitación son variadas y abarcan tanto aspectos físicos como cognitivos y emocionales. Cada programa de rehabilitación debe ser personalizado según las necesidades del paciente para maximizar su recuperación y su independencia en la vida diaria.